Lo tradicional se vuelve cool y se llama Omar Souleyman
¿Quién dijo que la música electrónica se reservaba para los jóvenes? No hablamos de su consumo, sino de su autoría. Omar Souleyman resulta encarnar todo lo que NO suele ser un artista de música electrónica. Tiene 51 años y más de 500 discos con su nombre. Sí, 500. Y es que este artista sirio no se limita a difundir sus álbumes en el más clásico sentido del término, sino que graba sus actuaciones en bodas y eventos y los regala y reparte por ahí.
Pero la cosa no acaba aquí, Souleyman no se dedica a trabajar en la BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones), sino que ese término, tan usado como manido, denominado globalización, ha llamado a su puerta, como a la de todos. En los últimos años, el músico ha conseguido hacerse un hueco en la élite cool de Europa y Estados Unidos, y claro, ahora sí, Souleyman mola. Su música tiene lo que los guiris quieren bailar en los festivales como Glastonbury o Paredes de Coura (eventos en los que ha actuado en los últimos años): la fusión multicultural, con sonidos de Oriente y letras ininteligibles para la mayoría de los asistentes.
Y, más allá de nuestra carga irónica sobre el paso del indie al mainstream y los mercados de Occidente, hay una cosa que queremos que quede clara: Souleyman suena, y, además, suena muy bien. Efectivamente, suena a árabe (o, al menos, a lo que nos han metido en la cabeza que suena lo árabe, claro). Pero este músico no se conforma con los sonidos tradicionales, ni tampoco se limita a llevar consigo una mesa de mezclas y componer con librerías de instrumentos. Utiliza teclados, ritmos electrónicos y voz, y sus actuaciones cuentan siempre con músicos en directo.
En los últimos años ha colaborado con artistas como Björk o Caribou y ha grabado 8 álbumes (estos sí, de los que todos entendemos por álbumes), la mayoría de ellos con la discográfica Sublime Frequencies, de Estados Unidos.
Pero ya sabemos que el producto no es sólo el contenido, sino también el envoltorio. Haciendo este unboxing de Souleyman no podemos pasar por alto que su vestimenta y su imagen son, por decirlo así, significativas. Souleyman viste a lo árabe. A lo árabe es, lo sabemos, una afirmación genérica, esencialista y nada apropiada, pero tenemos que reconocer que Souleyman y su atuendo acompañan una identidad árabe. El músico porta allá donde va una kufiyya, la cual, como sabemos, es un pañuelo tradicionalmente utilizado en países de Oriente Medio e identificado como tal a nivel internacional, pudiendo inferir la procedencia de Souleyman sin que nos haga falta más información. No obstante, sin ninguna intención de afirmar que esa sea la razón, nada más lejos de la realidad, y, dejando claro que personalmente encontramos muy acertada la elección de no renuncia identitaria, hemos de reconocer que eso, para los guiris del Glastonbury y del Paredes que no entienden ni papa de lo que Souleyman canta, y a lo que el artista siempre acompaña con unas gafas de sol que no permiten ver sus ojos, es muy guay.
Recopilando, Omar Souleyman es un artista auténtico, complejo y rupturista en todos los sentidos: fusiona los instrumentos tradicionales con los ritmos electrónicos, tiene 51 años y no renuncia a su identidad ni se doblega ante el mainstream para tener un hueco en la industria. Lo bueno es que, esta vez, resulta haber salido bien. Souleyman es un producto fantástico para los europeos y estadounidenses que quieren enseñarles a sus amigos en Spotify una lista de reproducción de “músicas del mundo” y mostrar lo openminded y originales que pueden llegar a ser.
Dejamos, para terminar, una píldora de delicia de manos de Souleyman. Advertimos que el vídeo no tiene desperdicio y nos hubiera encantado poder analizarlo también, pero ¡tendremos que esperar a la próxima ocasión!
Dejamos, para terminar, una píldora de delicia de manos de Souleyman. Advertimos que el vídeo no tiene desperdicio y nos hubiera encantado poder analizarlo también, pero ¡tendremos que esperar a la próxima ocasión!




Comentarios
Publicar un comentario