Día 5: Bhalil y el matriarcado del botón


Marruecos, julio de 2015. 

Continuando nuestro viaje partimos desde Sefrou hasta llegar a Bhalil, un pueblo surgido entre las rocas que sigue el curso de un riachuelo y se deja caer por el afilado valle que han configurado sus aguas, cruzadas por numerosos puentes construidos con gracia en distintas partes del pueblo. Las coloridas casas-cueva de Bahlil, que parecen estar colgadas o enganchadas a la montaña, iluminan el pueblo con sus paredes rosas, verdes, azules y amarillas. Pero el atractivo de Bhalil no reside en la arquitectura de la población, pese a su belleza y al empeño de las guías de viaje, que insisten en destacar lo colorido del pueblo y la peculiar disposición de las casas-cueva.


Mientras paseábamos por sus calles, los amables vecinos desplegaron la famosa hospitalidad marroquí invitándonos a conocer sus cuevas y a tomar (otro) té, observamos que había anillas de hierro incrustadas en los muros, con restos de hilo anudados, de mil colores, que colgaban. No supimos entender de qué trataba aquel invento hasta que encontramos a una niña, que había atado cuatro finos hilos a una de las anillas y, en el otro extremo, los había unido a la rueda del mango de una vieja caña de pescar. Hacía girar la manivela de forma que los hilos se retorcían entre sí, formando un precioso hilo nuevo, cuatro veces más fuerte que el anterior y, a pesar de ello, fino, frágil y sofisticadamente delicado.

Foto: Cherry Button Collective
Aquella niña nos invitó a entrar en su casa-cueva, donde encontramos a la madre, tías primas y algunas vecinas de nuestra improvisada guía.  Fue allí donde descubrimos una tradición popular propia del lugar, según la cual, y especialmente cuando llueve, todas las mujeres de la población se reúnen en cuevas, y en comunión, fabrican los diminutos botones de hilo que adornan las chilabas. Bhalil es uno de los principales productores de estas obras de arte en pequeñito, llamados "botones de djellaba". La fabricación de estos botones es la base de la economía del pueblo, lo que permite a las mujeres vivir en una especie de matriarcado. Los hombres del pueblo trabajan las tierras y desempeñan labores en el pueblo y los alrededores, pero las mujeres son el sustento principal de cada casa. 

Las anillas de hierro asidas a los muros de las calles de pueblo, sirven pues para adornar los hilos y embellecer con ellos los botones que las mujeres fabrican después. Más tarde vimos más congregaciones de mujeres cosiendo botones en grupo, dando puntadas y charlando para resguardarse de la soledad y la lluvia. La cadena de producción comienza con la elaboración del hilo definitivo, trenzando, enrollando o frunciendo una madeja de seda de distintos rubores o con distintos tonos del mismo color. Después, y con la ayuda de una aguja, el hilo se convierte en una campana, en una rosa o en un sencillo pero elaborado botón, hecho a base de nudos y de otra suerte de técnicas que las mujeres de Bhalil dominan y trasmiten de generación en generación.

Foto: Cherry Button Collective

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